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La Coctelera

Histeria a flor de piel

Ser gilipollas con 20 años...

21 Abril 2007

Los árboles mueren de pie...

Esta parte de la obra de Casona, "Los árboles mueren de pie" me emociona, me hace llorar... y me hace pensar en éste mi "amor secreto"...

"-…Siempre se ha dicho que el amor es un poco como esos carritos chi­nos: uno muy cómodo, sentado dentro, y el otro tirando. Por lo visto esta vez te ha tocado a ti tirar el carrito.

-¡Y qué importa si es mío lo que va dentro! Ojalá fuera más pesada la carga y más duro el camino para merecerlo mejor a la llegada.

-¡Pero qué estás diciendo! Hablas de tu mari­do como si no fuera tuyo; como si tuvieras que ganártelo aún.

-Es que usted no puede imaginar todo lo que es Mauricio para mí. Es más que el amor, es la vida entera. El día que le conocí estaba tan des­esperada que me habría dejado morir en un rin­cón como un perro con frío. Él pasó junto a mí con un ramo de rosas y una palabra; y aquella palabra sola me devolvió de golpe todo lo que creía perdido. En aquel momento comprendí des­de dentro que iba a ser suya para siempre, aun­que fuera de lejos, aunque él no volviera a mi­rarme nunca más. ¡Y aquí me tiene, atada a su carro, pero feliz porque es suyo!

-¿Tan loca estás, hija?

-Si la locura es eso, bendita sea la locura. Ben­ditos los ojos que me miran aunque no me vean. Bendita su mano en mi cintura aunque no sea más que un sueño. Escuche, abuela... El otro día me preguntaba us­ted por qué no quería hablar otro idioma que el de Mauricio. ¿Comprende ahora por qué? Un idioma no son las palabras, son las cosas, es la vida misma. Cuando yo era niña mi madre me decía "querida"; era una palabra. Cuando iba a la escuela la maestra me decía "querida"; era otra palabra. Pero la primera vez que Mauricio, sin voz casi, me dijo "¡querida!", aquello ya no era una palabra: era una cosa viva que se abra­zaba a las entrañas y hacía temblar las rodillas. Era como si fuera el primer día del mundo y nunca se hubiera querido nadie antes que nos­otros. Por la noche no podía dormir. "¡Querida, querida, querida!..." Allí estaba la palabra viva rebotándome en los oídos, en la almohada, en la sangre. ¡Qué importa ahora que Mauricio no me mire si él me llena los ojos! ¡Qué importa que el ramo de rosas siga diciendo "mañana" si él me dio fuerzas para esperarlo todo! Si no hace falta que nos quieran... ¡si basta querer para ser fe­liz, abuela, feliz, feliz!..."

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Siempre me he creido una tia medio normal, un poco revolucionaria quizás, "rompedora" para lo que me rodea... y ahora descubro que con 20 años soy peor que una cria, que me emociono con tonteiras y lloro por mas tonterias aun... y ni siquiera tengo cojones para decirlo en voz alta, por lo que me refugio en un blog...

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